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¿Qué es un emulador de AdBlue®? Riesgos de instalarlo y utilizarlo

Está claro, cada vez que sale una ley siempre hay una forma de saltarla. Por eso cada vez son más comunes los llamados “emulador de AdBlue®” aunque vayan contra la normativa vigente en toda la Unión Europea.

Como ya hemos explicado, este aditivo sirve para convertir los gases nocivos que se generan de la combustión del gasóleo en elementos inocuos como el vapor de agua y el nitrógeno. Por ello, muchos de los coches diésel que están a la venta desde 2013 tienen incluido este tipo de sistema y además la conducción se bloquea si no tiene suficiente líquido AdBlue® como para realizar correctamente su función.

Aunque en turismos el gasto no es muy elevado, en transporte de mercancías crece proporcionalmente y parece que algunos ven una posibilidad de ahorro, aunque sea de forma fraudulenta. Así, han surgido cada vez más simuladores que engañan al equipo del vehículo haciéndole creer que sí está utilizándose AdBlue® cuando no es cierto. Con ello consiguen que el automóvil pueda circular sin este sistema de reducción de emisiones y no tener que rellenar el depósito, pero, ¿qué supone esta trampa?

Además del daño que se realiza tanto al medio ambiente como a la salud, la utilización de este tipo de aparatos inhabilita el sistema SCR y en muchos casos manipula el sensor de NOx, provocando con ambas situaciones que se estén incumpliendo leyes y normativas muy específicas.

¿Qué riesgos tienen estos simuladores?

La instalación de este tipo de componentes electrónicos es ilegal, por lo que no puede hacerse en talleres. Este es uno de los problemas principales, ya que al tratarse de una manipulación sobre los equipos electrónicos del vehículo, pueden provocar graves daños en los vehículos.

Una vez instalados no acaban los riesgos, ya que tanto las revisiones como controles de tráfico pueden detectar este tipo de aparatos de falsificación de emisiones, y se estaría incurriendo en infracciones de circulación pero también de protección del medio ambiente.

Las más comunes suponen multas de 200 euros al titular del vehículo por circular incumpliendo la normativa como se indica en el artículo 12 del Reglamento General de Vehículos y hasta 20.000 euros de sanción por infringir la Ley 34/2007 de Calidad del Aire y Protección del medio ambiente.

Con estas posibles penalizaciones, no merece la pena arriesgarse al instalar uno de estos aparatos, ya que además la DGT ha puesto especial hincapié en eliminar este tipo de acciones e incluso se estudia multar a los vendedores de simuladores por proporcionar vías para saltar la normativa Euro 6.